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Edad Moderna

La Reconquista supuso el despoblamiento prácticamente total del área, siendo conceptuada durante los tres siglos siguientes como “frontera de moros”, lo que dificultó su repoblación y desarrollo económico. La inaccesibilidad del área por vía terrestre fue aprovechada por los piratas norteafricanos para recalar en sus costas abasteciéndose de víveres y provisiones de las escasas huertas y fuentes próximas al litoral, o resguardarse de temporales y flotas enemigas.

Las sucesivas monarquías desde el reinado de Felipe II tuvieron como objetivo fortificar la costa para asegurar las defensas, algo imprescindible para permitir la repoblación de las tierras, pero el terremoto de 1658 acabó con algunas de las estructuras cuyo estado de conservación era deficiente debido a las penurias económicas a las que estaba sometida la monarquía del siglo XVII. Nuevas incursiones islámicas durante el siglo XVIII y la reconquista de la ciudad de Orán bajo las órdenes de Felipe V, hizo que se incrementaran los esfuerzos dotando por fin al litoral de una defensa efectiva que tuvo su culmen durante el reinado de Carlos III, si bien los resultados conseguidos no perdurarían mucho tiempo, pues el sistema defensivo fue desmantelado durante la ocupación napoleónica, y nunca más volvieron a restaurarse los edificios con el mismo fin para el que fueron levantados. El siglo XIX y los inicios del siguiente, la comarca vivió un periodo de relativo auge económico y demográfico basado mayoritariamente en la explotación de los numerosos y valiosos recursos minerales existentes en la región, situación transitoria que fue remitiendo a medida que disminuía la rentabilidad de las extracciones a lo largo del siglo XX.